Conversaciones
Arturo Guerrero, candidato a constituyente
“Nos crearon una clase media que no da ni para el calcetín”
Lleva su vida dedicado a La Vega. Ahí, asegura, ha presenciado cómo cambió Chile en 40 años y desde esa conexión con la gente quiere aportar en la redacción de una constitución “equilibrada y justa”.
Daniela Pérez G.
Sumergido en una pequeña mesa de madera en medio de cajones de mandarinas, manzanas, limones, duraznos y un multicolor de frutas, frente al local que administra junto a “La joyita” –su esposa hace 46 años–, Arturo Guerrero (64) se ve tranquilo tomando un café. Pero tras esa calma, nada de lo que ocurre en La Vega se le escapa. Cada tanto, se le acercan otros feriantes a pedirle un consejo, a cambiar sencillo; o los guardias, a los que les dice fuerte y claro: “Esos cabros de ese puesto de la salida andan con la mascarilla debajo de la nariz. Anda, háblales golpeaito y les dices que van a ser todos citados a la administración hoy mismo. No por ellos nos van a cerrar La Vega. ¿Listo? Ya”.
Sonriente y respetuoso, no tiene pelos en la lengua para decir lo que piensa –como se vio durante los 41 capítulos del programa “Aquí llegó tu hora”, de TVN, su debut en televisión como representante de la ciudadanía–, no importa si frente a él está el presidente o una clienta. Menos si se trata de cuidar La Vega, el gran amor de su vida y de la cual es su relacionador público.
–Aquí opera una ‘democracia dictatorial’. Es que si no te haces respetar no se puede….no es que yo sea prepotente.
El galpón Chacareros es el segundo hogar de Arturo Guerrero hace casi cincuenta años. “Llegué cuando era un niño muy chico. Mi papá es del Valle del Elqui y partió con nada, luego se unió a la cooperativa y aquí hizo todo para tener la casa donde vive hasta hoy, para tener una parcela, la casa en la playa. Este lugar es mi vida en realidad. Acá es donde he ido avanzando, donde he crecido, es lo que me permitió educar a mis hijos –tiene cinco–”, explica. “Aquí conocí a mi joyita, justo ahí”, agrega mientras señala un puesto a su derecha en el que vio a su mujer por primera vez cuando él tenía 17 años, once menos que ella.
Por lo mismo, peleó con garras para evitar su cierre total en medio de la pandemia. Asegurándole a las autoridades el cumplimiento de todas las medidas sanitarias necesarias, y aunque fuese con aforo y horarios limitados, no iba a dejar que las puertas se cerraran. “Hubo harta mala leche, dijeron que estaba lleno, que colapsaba. Vayan a a ver un mall… Aquí la gente cambia su vida. Aquí conocí a la gente que puede delinquir y que se recupera. Aquí conocí la oportunidad de lo que es la vida diaria, sin tapujos, sin empaquetamientos y eso me emociona. Esta es como la universidad del emprendimiento. Si hiciera un relato de todos los que están aquí, todos parten casi de cero. Entonces si no es mágico no sé qué es”.
Esa experiencia “con los pies en la calle”, afirma, es lo que lo convenció a lanzarse como candidato a constituyente. Con el apoyo de Levantemos Chile –“aunque siempre independiente, porque que alguien me venga a decir algo…Yo necesito ? libertad de acción” –, quiere representar al Distrito 9, compuesto por esos barrios donde en su infancia salió a protestar junto a las juventudes comunistas –donde llegó a los 11 años- y en los que pintó cientos de murales como miembro de la Brigada Ramona Parra. “Me fui de la casa a los 12 años. Mi mamá siempre contaba que yo nací parado. Es que soy así, me la juego toda”.
Después de Dios, La Vega
-¿Cómo llegaste al PC tan chico?
- Ingresé al Liceo 12 en Dorsal y me invitaron a participar en las juventudes comunistas. El comité central quedaba en Marcoleta y acepté ir. Viví en el partido mucho tiempo. La primera marcha a la que fui, recuerdo, íbamos por Diagonal Cervantes con San Antonio y yo me sentía revolucionario, era la época del Che Guevara, Sol y Lluvia. Quería cambiar el mundo. Me acuerdo que unas ‘viejas momias’ me empezaron a gritar y las empapelé a chuchadas. Y ahí llegó Guerrero, al que degollaron, y me dice: "Compañero, ¿quién le enseño a insultar al contrincante? Mañana usted está citado en Marcoleta". Entonces me dijeron una sola cosa: ‘usted a la persona le va a ganar por ideas, no por macanudo ni por prepotencia’. Eso me marcó para siempre.
–Para la marcha de los pinguinos estuviste presente en la calle, discutías con los estudiantes. Ahora participaste en TV compartiendo tus ideas. ¿De dónde viene esa inquietud por participar?
–Mi papá militó en el PC cuando se prohibió, en el gobierno de Gabriel González Videla. Él siempre ha sido súper social, muy humanitario. Compraba El Siglo… era un crítico constructivo muy top. Hasta el día de hoy, tiene 96 años, y lo encuentro un padre esencial con muchas más virtudes que errores –todos los días, de 6 de la tarde a 10 de la noche, lo visita a él y a su mamá, de 90 años–. En mi familia todo ha sido en base a esfuerzo. Creo que tiene que ver con cómo te engendraron, con los valores que te dieron y no transas, con que te la juegas por la vida, crees en ella, aunque te toque tomar tragos bien amargos.
De momentos difíciles Arturo sabe. Perdió a un hijo cuando tenía 12 años en un accidente con un columpio. “Era un niño… se enojó, se empezó a envolver en el columpio y se ahogó. Esos son momentos en que te preguntas por qué”, afirma. “Hoy tendría 33 años y siempre pienso en él. Y era un hijo que tuve fuera del matrimonio, de hecho mi esposa fue su madrina”, cuenta.
–Súper aceptado, entonces. Tenías una relación abierta.
–Es que no es eso… insisto. Yo escucho a la gente hablar de las libertades, de los respetos.... Cuando hablan de los sentimientos, de las relaciones humanas, tienes que tener la voluntad de amar. Yo he vivido otras cosas y no es que me crea pulento, pero he vivido a concho y en eso tienes que ir aceptando ciertas cosas que quizás el común y corriente de la gente no aceptará. Pero la vida te las da…por ejemplo, yo tengo un hijo/nieto al que querían abortar.
–¿Cómo es eso?
–Sí, mi hijo Jorge. Él es de un hijo de mi mujer, de su primer matrimonio. Y a él lo querían abortar… nació a los cinco meses y se fue directo a una incubadora. Después pasó el tiempo y yo, que en ese entonces iba a un grupo católico –se llamaba Retiro de Conversión-, hablábamos del aborto. Un día, me acuerdo perfecto, fue un 21 de agosto, me lo entregaron. Tenía tres años. Esa primera noche durmió conmigo y al día siguiente amaneció agarrándose de mi pecho. Me dijo papá y listo, desde entonces soy su papá. Me costó, llegamos hasta el tribunal de familia, pero es mi hijo. Y ahí está –vuelve a señalar su negocio, atendido por Jorge-. Es un choro y le va bien, tiene dos hijas y es muy buen papá.
–¿Te siguieron tus hijos en tu trabajo en La Vega?
–No todos. Tengo a una hija abogada, de la Católica, otra que es profesora y que trabaja en Coyhaique, con niños del Sename. Pero los que quisieron sí. Es que aquí es todo muy lindo. Yo de verdad creo el dicho: “Después de Dios, La Vega”. Ocupa todos los espacios y no es que sea fanático, pero siempre le digo a la gente: “Oye, si Dios esta aquí al ladito tuyo, tú te haces el hueón". Qué sacas con ir a la iglesia, si mira todo lo que hay aquí: oportunidades, sonrisas, si quieres llorar alguien te va a decir: ¿por qué lloras? Aquí te toman en cuenta como ser humano. Estos cambios en mi vida, los he vivido a concho aquí y el vivirlos así te da las herramientas para dar una solución mucho más global. Una visión más amplia.
–¿Nunca te ha desilusionado el ambiente en La Vega?
–Nunca. De los hueones sí, pero del lugar no. Pero también he aprendido que como rezo el Padre Nuestro todos los días, la cuestión es súper simple: la oración dice que tienes que querer al hueón que no quieres, que tienes que hacer un esfuerzo. La sabiduría no está por pasar por un aula, está en entender al otro con sus defectos y virtudes. Hay pensamientos y maneras de actuar diferentes.
–Eres bien relligioso.
–No, a mí se se me cayó el Papa y se me cayó la Iglesia cuando empiezan a contar estos niños lo que les pasó con Karadima. Tengo buenas relaciones con varios curas, como Mariano Puga, pero creo que la Iglesia nos debe dar una explicación.
El covid y la Constitución
Aunque durante la pandemia nunca permitió que los feriantes dejaran de trabajar, Arturo vivió en carne y hueso los efectos del covid. No solo se contagió él y su esposa, sino que hubo varios días en que, reconoce, sentía que estaba grave. “Fueron 42 días en la casa. Sabía que tenía que dormir de guata, hablaba con doctores, pero es una enfermedad muy maldita, hubo seis días en que realmente me quería morir”, confiesa.
–¿Cómo veías que estaba Chile cuando comenzó la pandemia, post estallido?
–Teníamos y tenemos una crisis muy grande de dirigentes sociales y eso, de alguna manera, ha ido copando los espacios y ha desvirtuado todo. Hoy día la pregunta que tenemos que hacer es, ¿por qué el olvido de las poblaciones? Este estallido social es muy justo porque nos vendieron la pomada de que éramos un país desarrollado, que éramos los tigres de América y nos crearon una clase media que no da ni para el calcetín. Nos pasó que nos dimos cuenta de que estamos cagados: todo lo que tengo lo debo y más. ¿Vale la pena seguir así?
Y agrega:
–En esa rebeldía que surge de esta realidad también han salido los aprovechadores, los cafiches sociales, pero la gente que protesta no es delincuente… aquí hay una crisis muy profunda, los partidos políticos pasaron a ser industrias de poder y no de servicio público. Por eso tenemos que hacer una constitución totalmente equilibrada y justa.
–¿Por qué crees que Chile necesita constituyentes que tengan calle y por qué tú eres esa calle?
–El concepto de la libertad no es un juego de palabras, ni proteger lo que no hay que proteger. Hay que entregar lo mejor de sí y cuando me hablan de pobreza, yo la viví, la puedo relatar. A mí no me la contaron, no la leí. O cuando me hablan de matrimonio, te lo relato. Lo mismo cuando me hablan de criar y amar al hijo. Quiero aportar y esa experiencia de vida me da para decir: esta es mi misión.
–¿Y qué es lo primordial para que este sea un proceso exitoso?
Primero que todo, organización social. Hay un dirigente al que leí en El Mercurio, que también militó en las juventudes comunistas y es charlista de emprendedores, y hablaba algo súper sabio, que me interpreta mucho: no hay proyecto exitoso si no participa la comunidad y creo que ese es el manejo. Esto va a cambiar cuando la comunidad se integre. Los municipios son los gobiernos y es a lo que hay que darle fuerza, pero esto es paso a paso. Y quizás nosotros no la vamos a disfrutar, pero sí las generaciones que están naciendo, y eso es un éxito en la vida.
–¿El camino hacia ser constituyente recién comienza, ¿cómo te preparas?
De partida va a haber que sacrificar harto tiempo, porque hay que visitar las ferias. Pretendo ser muy simplista, porque no tengo ni una luca para gastarla y no pretendo hacer una campaña exitosa a costilla del bolsillo ajeno. Le voy a dedicar el tiempo… mucha gente me conoce, me siento muy querido y alguno me tirará alguna pachotada, pero tendré que tener temperamento para no decirle “te vas a a la chucha”. Voy a decir: “si usted cree que la puedo representar vote por mí, si no, entréguele este papelito al que sí puede”.
Y añade.
-¿Y cómo me preparo para eso? Me hinco y rezo. Y me va bien.


