Conversaciones
Sergio Gutiérrez, gerente general de Espacio Riesco
“Déjennos trabajar, porque estos aforos nos están matando”
Busca unir al rubro de los eventos para convencer juntos a la autoridad de que pueden reabrir con seguridad. Y como ejecutivo de su empresa reclama porque hasta hoy no reciben ni un peso por prestar su recinto para albergar un hospital de covid.
Ignacio Badal
El empresario, gerente general de Espacio Riesco, trabaja para poder reabrir, con un plan que conven
La ha pasado mal este año. Su rubro está entre los más afectados por las medidas para la crisis sanitaria. Y su empresa ha sido blanco de críticas por levantar un hospital de emergencia. Sergio Gutiérrez Torres -53, casado, dos hijos- es el gerente general de Espacio Riesco y oficia de vocero de la iniciativa EIE 2020, un evento que pretende reunir este miércoles a todo su rubro para enfrentar juntos la emergencia sanitaria y bregar por la subsistencia del negocio.
Pese a que estudió ciencias políticas en la Universidad Central, se tituló e hizo un posgrado en finanzas estratégicas en la U. de Chile, donde aguzó un olfato financiero que lo llevó al rubro de los eventos. “Un negocio muy particular, con clientes atípicos: por un lado papás que van a casar a sus hijos, con el estrés que significa, donde debes ser muy delicado para tratar temas de plata, comida, el salón; y hasta ferias, que son temas rudos, donde muchas veces el cliente cree que el centro de convenciones lo debe apoyar en el riesgo de negocio cuando no anda bien, y tú tienes la obligación de cobrar”.
Partió en Casapiedra, donde estuvo seis años y pasó por cobranzas, finanzas, tesorería y recursos humanos. En 2001 se fue a integrar el equipo fundador de Espacio Riesco –“una apuesta tremenda, porque estaba a punto de partir, me fui con la misma renta como gerente de administración y finanzas; pero pintaba para ser, y hoy es, el principal actor del mercado”.
Espacio Riesco cuenta con 120 mil metros cuadrados, 27 mil m2 de ellos cubiertos. En 2010 Gutiérrez asumió como gerente general. “Son 26 años (en el rubro) llegando la mayor cantidad de las noches a las 2 o 3 de la mañana. Es que debes estar extremadamente cerca del cliente, interpretar su reacción y anticiparse. Como cuando un cliente empieza a mirar al fondo de un salón, tú debes saber que está buscando a alguien que le pase un trago”.
Hoy es además vicepresidente de la Asociación Internacional de Ferias de América y la actual contingencia sanitaria lo llevó a asumir una tarea cuesta arriba: Unir a toda la industria de los eventos, desde las productoras hasta los centros de convenciones, desde los banqueteros hasta los hoteles. Así, sacar adelante en conjunto el Evento de la Industria de los Eventos (EIE 2020).
-¿Con qué objetivo?
-Queremos llamar la atención de la autoridad económica y sanitaria. No para sacarnos en cara de que somos la última actividad en abrir, sino mostrarles nuestras buenas prácticas, que trabajamos 365 días al año bajo ambiente seguro.
-Varios empresarios de su rubro han reclamado por la apertura de restaurantes y bares por un lado, y la imposibilidad de hacer eventos por el otro.
-De vuelta de un paseo el fin de semana, venía por Vitacura y estaban todos los bares abiertos desde la rotonda Pérez Zujovic para arriba: Una silla al lado de la otra, la mesa de atrás pegada a la de adelante. Entonces, estamos salvando a una industria de restaurantes que mueve mucho, pero nosotros nos sentimos un poco tirados para la cola, porque se nos están dando aperturas parciales donde los aforos, independiente de los metros cuadrados que tengamos, no te mueven la aguja. Estamos dispuestos a invertir en medidas de seguridad y sanitarias.
-La presidenta de los banqueteros, Sofía Jottar, llamó “discriminación” a esta diferencia con los restaurantes.
-Los banqueteros tienen a una muy buena vocera, que se fue de hacha al ver que su negocio de matrimonios se le venía bajo. Están con el agua al cuello y se fueron a hablar con la autoridad, lo mismo que los hoteleros –y tú ves que los hoteles abrieron- y Achiga salía en las noticias todas las semanas hablando de que el negocio de los restaurantes se estaba yendo de espaldas. Nosotros como empresarios de los eventos no hemos generado ese ruido. Entonces, no queremos partir haciendo ruido en mala, queremos tener cuidado. Por ahí escuché que la Sofía Jottar le llenó el tacho al Ministerio de Salud, porque fue quizás demasiado directa. Nosotros queremos llegar a la autoridad con una idea fuerza: déjennos trabajar, porque estos aforos nos están matando, estamos preparados para recibir más gente, y trabajar igual o mejor que los restaurantes.
En Chile se realizan 140 mil eventos al año y sólo los de negocios aportan el 17% de la industria del turismo en Chile, que a su vez es el 3% del PIB. Hoy el aforo máximo permitido en un espacio interior es de 25 personas en comunas en fase 3 y de 50 personas en etapa 4. Y en el exterior, de 50 personas en fase 3 y 100 en fase 4.
“Nos gustaría que la autoridad se nutra de la experiencia internacional, de cómo abrieron con seguridad en otros países. Si no podemos abrir con todos estos protocolos en uno o dos meses más, va a haber muchos más muertos en esta industria. Y no me imagino qué podría pasar si llegamos a abril del próximo año con los mismos protocolos de ahora”.
-Los banqueteros decían que si llegábamos a fines de noviembre sin un cambio en los aforos, un 95% de su rubro se iría a la quiebra. ¿Coincide?
-Es que están los que tenemos más espaldas y los que tienen menos. En el caso nuestro y de muchos recintos, se finiquitó al 50% de su planta y a otro tanto se metió a la Ley de Protección del Empleo. Y había caja para sobrevivir un tiempo. No conozco lo que ocurre con el gremio de banqueteros, pero no dejo de creerle.
-Para ustedes, ¿cuál sería el mes crítico, en que podrían empezar a crujir?
-Marzo, porque es el puntapié inicial del próximo año, donde tenemos la expectativa de la vacuna.
-¿Cuáles eventos debieran ser los primeros en realizarse?
-Sin lugar a dudas, los empresariales, que generan un retorno económico y nos cuadramos con la política de gobierno de reactivación. Lamentablemente, dejamos a los otros a la espera de mejores condiciones, como el evento familiar, donde hay niños, se produce cierto desorden, y es difícil normar y controlar.
-Dentro del grupo de EIE hay productoras de conciertos, los que han sido complejo realizarlos en el mundo. ¿Qué proponen para ese rubro?
-En este momento no estamos pensando en ese modelo de actividad, porque seríamos coherentes con el discurso de hacer eventos que podamos ordenar. ¿Qué pasa si hacemos un concierto y dejamos la escoba? Perdemos toda credibilidad frente a una autoridad a la que le pedimos flexibilidad. Queremos transmitirle confianza, coherencia y responsabilidad.
El duro reclamo por el hospital
Al hablar de Espacio Riesco (ER), Gutiérrez cuenta que este año ha subsistido gracias a un crédito Fogape de $3.500 millones, que usaron para instalar el controvertido Centro Hospitalario Huechuraba (CHH). “Los bancos fueron bastante rigurosos. Pero tenemos un historial de 20 años sin fallas. Sin ese crédito, no estaríamos en pie”, cuenta.
-En el caso de ER, ¿con qué aforo podrían trabajar mejor?
-Antes, en 14 mil m2 cubiertos podía meter un evento de empresa de 6 mil personas con comida, pista de baile, pantalla y cientos de garzones. Si usted me dice hoy: no 6 mil, pero mil con mesas de 10 donde se sienten cuatro personas, lo hago. Es un evento que me permite salvarle la pega a muchos que no han trabajado desde el 18 de octubre del año pasado.
-Mirando su negocio, ¿usted cree que va a volver a la antigua normalidad?
-Sí, pero poniendo en valor todo lo aprendido, incluso nuevas líneas de negocio, como los eventos virtuales o híbridos.
-Hubo otro negocio que también aprendieron pero que fue un desafío complejo y polémico: un hospital de emergencia. ¿Cómo surgió?
-En vacaciones, estaba viendo en TV una ciudad china en pandemia, cuando ni tú ni yo ni nadie pensaba que iba a llegar a los extremos que llegó, ni menos a Chile. Y me llamó la atención que se hablaba de una obra titánica de levantar un hospital en 10 días. Volví a Santiago y conversé con el equipo respecto a nuestra experiencia. Pedí una reunión por Ley de Lobby con el (ex)subsecretario (de Salud, Arturo) Zúñiga a mediados de marzo y nos la dieron de inmediato. Partí con mi equipo de arquitectura de solución temporal (porque nace y después se desarma). Le llevé una carpeta con lo que hacíamos; nos escuchó atentamente sobre la capacidad que teníamos de levantar un hospital. No sólo el recinto, sino la capacidad de intervenirlo y con características como cocina bajo norma de higiene HACCP, generadores de respaldo, sistemas de respaldo de agua, climatización, seguridad perimetral, cercano a toda la red hospitalaria del Servicio Metropolitano Norte y de las clínicas, y hasta helipuerto.
-Y el subsecretario, ¿qué le dice?
-Me dice: “me interesa, mándeme una propuesta”. Se la enviamos. Significaba el uso de los 27 mil m2 cubiertos y los 120 mil m2 descubiertos. Nos pidieron partir con la habilitación de 400 camas, pero con toda una modificación interna para recibir equipos médicos, o sea, red de aire, de oxígeno, puntos eléctricos para cada cama. Yo le tengo mucha estima al exsubsecretario Zúñiga, porque tuvo que explicar muchas veces las cosas, pero me parece que no contó todo el potencial de ER: alimentar con cuatro comidas al día a 400 enfermos; que se tapaban los baños y nuestra gente tenía que destaparlos a las 3 de la mañana. Yo nunca me metí a los pabellones, pero algo sí sabíamos: que la gente que estaba a punto de irse de alta no se quería ir, porque en su vida la habían tratado como la habían tratado aquí.
-Pero hay críticas a los cobros, a cambios en los contratos.
-Sí, claro, porque nos hicieron ir a proveedores de aire acondicionado de la Clínica Alemana para cambiar todo el sistema de climatización, para extraer todo el día aguas servidas, para tener decenas de baños y duchas por un lado para los enfermos, y por el otro para médicos y enfermeros. El costo cama de ER versus el costo cama de un hospital sería un décimo, y se salvaron 700 vidas en ER. Se murió sólo una persona. ¿Cuál es la tasa de mortalidad en las clínicas u hospitales? ¿Y cuánto vale una vida salvada en ER?
-Pero eran pacientes de mediano riesgo, no los más críticos.
-No, no, no, cuidado. Llegaron pacientes críticos. Por eso digo que las comunicaciones no fueron las adecuadas. Aquí había equipos de entubamiento, salas de resucitación que las construimos nosotros. Si lo más divertido de todo es que todo esto lo pagamos nosotros. No recibimos un peso hasta el día de hoy, con contratos firmados, con el recorte que le hicieron a los valores que mandamos, porque esto lo habían recotizado. ¿Dónde recotizas un proyecto de estas características? ¿En Sodimac? Es un sistema hospitalario y tenía que cumplir con tales características, porque si no, no se habría autorizado por el Minsal.
-¿Todavía no les pagan?
-Se salvaron 750 personas, comieron, nos llamaron a las 4 de la mañana para destapar aguas servidas, para ayudar a entrar las ambulancias cuando había taco. Pescaron sus cosas, se fueron y nada. No hemos recibido ni un peso partido por la mitad. Lo único que recibimos fueron vociferaciones de los más críticos, de por qué el privado aquí se enriquecía. ¡Tan ricos estamos que no hemos cobrado un peso! ¡Tan ricos que hemos tenido que revisar dos y tres veces los contratos porque se les aplicó descuento y no queremos pelear con nadie! Queremos llegar a una solución, pero el agua llega a la nariz. Toda la plata del Fogape que pedimos, la invertimos en el CHH…¡y ni las gracias!
-Ni las gracias del gobierno ni de la oposición, me imagino.
-Ni de la oposición que vino y vio a los pacientes aquí, ni las del gobierno. Ni las gracias de haber mantenido silencio, de no haber cacareado que estábamos hasta el cuello, de no haber dicho nada. Pero llegó el momento de decir la verdad.
-¿El contrato está en Contraloría?
-Sí, todavía. Y de Contraloría me imagino que se va a discutir en la comisión investigadora, y mientras tanto no van a mover ni un peso. Aquí tuvimos la intuición de que el sistema hospitalario en algún momento podría colapsar, y no colapsó. ¿Espacio Riesco pudo ser un mitigador del colapso? Estoy seguro de que sí.

